jueves, 17 de mayo de 2012

Comunicación efectiva profesor-alumno.


En el proceso educativo, de la enseñanza preescolar, escuela y colegio, la comunicación constituye parte importante.
Principalmente en esta época en el que el sistema de instrucción sirve para propiciar el conocimiento, entre los docentes y sus alumnos.



La relación docente-alumno se producirá de manera favorable en la medida en que entre ellos fluya una comunicación efectiva recíproca.



La comunicación permite la interacción entre el profesor y el alumno, si esta se logra de manera eficaz, se genera una acción en común, estableciendo una relación de intereses tanto cognoscitivos como emocionales, lo que facilita la comprensión del mensaje que se intenta transmitir, llevando a los alumnos a la convicción de que hacer esto es de provecho para la formación.



Las concepciones educativas actuales coinciden en el proceso docente educativo como un proceso comunicativo , donde prevalecen las relaciones horizontales entre docentes y donde el alumno asume un papel activo y protagónico ante su propio desarrollo. En este proceso de intercambio se implica la personalidad de los sujetos en su integridad, es decir, se manifiesta la unidad de lo cognitivo y lo afectivo, lo ejecutor y lo inductor.



La función del profesor no puede reducirse a impartir conocimientos, y a ejercer autoridad en el aula, necesariamente tiene que relacionarse y comunicarse con sus alumnos, brindándoles afecto y seguridad.



La comunicación de interés, toca las partes más sensibles del individuo y se puede identificar como uno de los ideales de todo profesor, ya que de una forma razonada y consciente lleva a los alumnos a la integración, satisfaciendo la necesidad de pertenencia y valoración de las personas, porque al expresarse y relacionarse, el alumno gana confianza, autoestima y compromiso social, encontrando que sus palabras y acciones tienen un significado y repercusión para sí, logrando la finalidad del proceso enseñanza-aprendizaje.



El hecho de que el educador se ubique frente a un grupo, no significa que va a ser escuchado, entendido y aceptado por sus alumnos. El fracaso en la comunicación puede deberse a que el mensaje no fue tan nítido con eficiencia o que la interpretación fue errónea, además no puede mostrarse interesado en ningún mensaje, a menos que encuentre en éste algún valor.



Ante el fracaso de la comunicación, los profesores y los alumnos se recriminan entre sí por falta de resultados satisfactorios, por más que crean que han realizado su mejor esfuerzo y en la búsqueda de culpables se desmotiva el proceso educativo, por eso se requiere que a partir de una buena relación humana se establezcan canales apropiados que faciliten la comunicación.



El alumno al encontrar en el salón de clase una relación humana basada en la aceptación y confianza, con un contenido afectivo importante, esto propicia una buena comunicación, en donde la participación, la libertad de expresión y el diálogo dentro de un ámbito de respeto mutuo y una actividad académica amena, interesante, fluída y dinámica, se ve motivado interesándose por sus labores, despertándose el gusto del saber o aprender por el hecho mismo , lo que conlleva el compromiso del educador en su formación, logrando la finalidad del proceso enseñanza-aprendizaje.



El alcance de una comunicación educativa eficaz, es una auténtica aspiración para elevar la calidad de la educación. Es por eso que la interacción es considerada el vehículo esencial del proceso docente-alumno. Al educador le corresponde transmitir su mensaje con la mayor claridad y objetividad posible, libre de prejuicios y poniendo al alumno en contacto con el conocimiento, sin buscar elegir el modo de vida del estudiante, sino tratando de capacitarlo para que tenga la posibilidad de elegir su propio modo de vida.



¿PROFESOR O AMIGO? EL DESAFÍO DE FACEBOOK   Massimo Borghesi



La relación “virtual” entre profesores y alumnos en Facebook, ¿sirve para motivar el interés escolar de los chicos o más bien para confundir los roles de cada uno, en una ambigua identificación entre profesor y amigo? Este tema, tratado en el periódico de la izquierda francesa Liberation, ha tenido eco estos días en varias columnas del Corriere della Sera.
Una investigación realizada por el portal skuola.net con una muestra de mil estudiantes concluye que el 8% de los encuestados se relaciona con sus profesores a través de Facebook. ¿Cómo se puede valorar este tipo de contactos, cada vez más frecuentes, en el mundo de las redes sociales? Las opiniones al respecto son de lo más diverso.
Muchos critican estos contactos “virtuales” porque podrían generar preferencias en la relación entre profesores y alumnos al desaparecer la imparcialidad del juicio y dar paso a una cercanía que, vista desde fuera, puede parecer sospechosa. La relación debe ser con todos o con ninguno. Por otra parte, el profesor no debe ser “amigo” de sus alumnos, debe ser su profesor, y basta; maestro, no colega. El profesor “amigo” reproduce el equívoco del padre “amigo” de sus hijos, aquél que renuncia a ser autoridad por la ilusión de ser joven entre los jóvenes, simpático, atractivo. El vínculo creado en Facebook enfatizaría así un narcisismo rampante, hedonista, una homologación en los gustos y preferencias. Las consecuencias serían una renuncia al respeto, que exige distancia, a la separación de roles, a la obligación de situarse como modelo y no como igual. Preocupaciones que, visto el comportamiento de ciertos profesores en Facebook, no son del todo infundadas.
El profesor que, en su lenguaje y en sus modos, juega a ser un chaval no se hace amigo de sus alumnos, sólo pierde su credibilidad y su estima. En algunos casos se han tomado medidas drásticas. Como en Estados Unidos, en Virginia, donde se está preparando la votación de un documento que recomienda a los profesores que eviten tener contacto con sus alumnos a través de internet. Una solución radical que elimina posibles distorsiones pero también todo lo que tiene de positivo la platea de Facebook.
Paolo Di Stefano escribe en el Corriere: “En el fondo, no hay nada más parecido a una clase escolar que una red social. No en vano, Facebook nació precisamente en el ámbito de los college americanos para simplificar la comunicación interna en el campus”. Es verdad que conlleva un riesgo, más grave aún que el amiguismo narcisista: que el diálogo nade en el vacío del ciberespacio para interrumpirse después en la realidad escolar cotidiana. Como observa Giuseppe Bertagna, profesor ordinario de Pedagogía en la Universidad de Bergamo, es bueno que los profesores “hablen con sus alumnos, que construyan una escuela que no sea distante ni burocrática, en vez de hacerse confidencias a distancia. El problema es que se hacen amigos en Facebook sólo para tener una coartada que les permita estar al tanto de lo que sucede en clase. Pero la educación necesita inflexiones de voz, movimiento de manos, ceños fruncidos”. Así es. La educación se fundamenta en una relación personal, directa y no virtual, entre un profesor que no renuncia a ser maestro y un alumno que no se niega a ser discípulo. Ninguna escuela (o universidad) a distancia podrá eliminar la importancia de esta “fisicidad”, de esta relación intersubjetiva y concreta.
Es más; llegados a este punto, ¿quién puede negar, como escribe Di Stefano, “que la ventana de internet no pueda abrir puertas más grandes, face to face, para una comunicación sana entre maestro y alumno?”. Si el portal del profesor no es un lugar -como suele suceder- dedicado a los chismes y confesiones íntimas, sino de intercambio ideal con colegas y amigos, si es el ámbito en que se comparten artículos, ensayos, temas de actualidad, ponencias, exposiciones, explicaciones de argumentos desarrollados en clase, ¿por qué de algo así deberían quedar excluidos los alumnos? Si fuera así, nos encontraríamos con la paradoja de un profesor que comparte los resultados de sus reflexiones potencialmente con todos excepto con sus propios alumnos, con aquellos con los que precisamente tiene la responsabilidad ideal y educativa más grande.
Se trata, naturalmente, de elecciones libres. No todos tienen los mismos intereses ni las mismas motivaciones. Por eso, los profesores que utilizan Facebook como un espacio esencialmente privado, como un lugar de relax y ocio, tal vez deberían prohibir el acceso a su perfil a sus alumnos, pues en este caso la relación no sería de ninguna ayuda y sólo contribuiría a confundir los roles. Es diferente el caso de aquellos para los que las redes sociales resultan una ventana abierta al mundo, un lugar de intercambio de ideas y de conocimientos que pueden convertirse en algo no sólo “virtual”. Aquí se abre la posibilidad de un nuevo areópago, de un encuentro ideal entre alumnos y profesores que amplía, con formas nuevas y originales, la realidad del horario escolar.
[Por; Massimo Borghesi]

Reflexionar si nuestra forma de enseñar es la correcta

LA DINÁMICA DE GRUPOS PARA MEJORAR LA RELACIÓN ENTRE MAESTRO Y ALUMNO

ROL DEL PROFESOR EN LA DINÁMICA GRUPAL
En el profesor recae la gran responsabilidad de tener una buena relación porque es el promotor para la ejecución de las dinámicas grupales, ya que debe actuar como psicólogo y buscar la manera de poder integrarse al grupo para conocerlo más y romper las barreras que no permiten la interacción eficaz con los alumnos; por lo tanto el profesor que recurre a trabajar mediante dinámicas grupales debe estar convencido que el interaccionar con los individuos es la mejor forma para el proceso de enseñanza - aprendizaje .
Asimismo debe tomar en cuenta que tiene que desempeñar funciones distintas a las del maestro tradicional. Tendrá que tomar la postura de coordinador de grupo (en el que estará involucrado él y el grupo), es un propiciador de conocimientos, observador del proceso grupal y la comunicación dentro del grupo; para ello es conveniente considerar que un grupo no es estático sino que atraviesa por diversas etapas y esta en constante cambio; así que el coordinador (docente) tiene la tarea que los integrantes del grupo poseen conciencia de grupo y pueda determinar como va actuar frente a ellos.
El maestro debe estar preparado para detectar en la primera etapa de evaluación del grupo conductas defensivas, actitudes de rechazo y determinar la forma más adecuada para que no prevalezcan. Por lo general el primer día clases el maestro actúa como observador grupal; luego de observador pasa a ser asesor o informador siempre y cuando no adopte la postura de que es el poseedor del saber; en cierta parte tendría la razón porque le da poder el hecho de tener un título pero no serviría de nada si no lo sabe transmitir; de tal forma que "tendrá que cambiar es su forma de concebir la autoridad y en la manera de relacionarse con cada individuo y con el grupo". Esto presiona a que el o la adopte una actitud diferente.
Su actuación es determinante frente a sus alumnos porque no sólo "informa sino que también forma una actitud", en el aspecto de estimula, motivar o bien desanimar.
Debe promover la participación y él o ella mostrar una actitud abierta y receptiva, entusiasta, para que los alumnos opinen y respondan con entusiasmo; "un profesor que sólo recita sus notas, habla solo el pizarrón en actitud indiferente y autoritaria, induce a una clase árida y sin interés que pronto se aburre y cansa",porque no existe la disposición por implementar la dinámica de grupos en su clase, esto puede provoca un bajo aprovechamiento, pero también interviene la poca disposición del grupo por miedo a hablar conduciendo de esta manera a una clase tediosa y cansada. El buen profesor actúa como participante no como dictador. No sólo impartir conocimientos sino el de ayudar a los alumnos a adquirirlos por sí mismos en donde el maestro de vuelve en un amistoso consejero.
ROL DEL ALUMNO EN LA DINÁMICA GRUPAL
En ocasiones no es culpa del profesor para efectuar las relaciones sino del mismo grupo porque oponen resistencia, pues no serviría de nada las dinámicas que sugiere el maestro si no hay disposición de participación de los estudiantes; de esta manera la clase se vuelve aburrida.
Los alumnos tienen que cambiar su actitud por una más abierta, poniendo de su parte cada integrante del grupo, ya que "el grupo conforma al individuo y el individuo al grupo", siendo que éste influye en la formación de nuestra conducta y personalidad.
http://gerza.com/articulos/aprendizaje/todos_articulos/16_dina_mejora_alumnmaestro.html

Visión de los alumnos

La relación alumno maestro

El maestro en el aula de clases despliega sus recursos personales y didácticos para cumplir su labor. Como en toda relación humana, posee características que imprimen el sello y dinámica personal ya sea del maestro o del alumno. No obstante, la relación maestro-alumno, en el aula presenta algunas configuraciones que hacen especialmente diferente de otras relaciones interpersonales:


1.- La relación entre el profesor y el alumno no se establece sobre la base de simpatía mutua, afinidad de caracteres o de intereses comunes. Más bien, se funda en una cierta ‘imposición’: están ahí sin consulta o consentimiento previos, lo cual genera -sobre todo en los comienzos de cada periodo lectivo -expectativas mutuas que se confirman o no con arreglo al desempeño del profesor y del alumno como tales. 
2.- Es una relación -bipolar de ida y vuelta- que se establece entre personas de diferente edad y grado de madurez. A la intensidad, variedad e irracionalidad de las reacciones, de los comportamientos, de las actitudes y de las motivaciones de los alumnos, el profesor debe responder con paciencia, ecuanimidad, prudencia y exigencia en su actuar, en sus juicios y en las manifestaciones de su carácter.   
3.-  La relación de docencia es una relación interpersonal pero no amical. Primero, porque la relación amistosa se establece entre dos personas en su concreta individualidad, es decir, conociéndose mutuamente. Segundo, esa relación estrictamente personal consiste en un mutuo querer y procurar, cada uno, los fines personales e individuales  del otro. 
En el trato y la relación maestro-alumno (de ‘ida’), se realiza el esquema de la amistad: aquél busca en el discípulo al individuo concreto y determinado. El hecho de que la clase sea colectiva no menoscaba la individuación concreta, porque el esfuerzo radical del profesor se encamina a descubrir, bajo lo común y general, lo propio y particular de cada educando. 
En cambio, la relación del discípulo con el maestro (de ‘vuelta’) no realiza el esquema de amistad puesto que el alumno no busca esencialmente el hombre concreto que hay debajo del maestro. La actitud del alumno, por el contrario, tiende a mantener con el docente un tipo de relación puramente profesional y externa.
El maestro se pone al servicio de los fines particulares del alumno. En la docencia, la persona del maestro se entrega, por tanto, a la consecución de los fines del estudiante. En cambio, el discípulo no se pone a su vez al servicio de los fines particulares del maestro. El maestro ‘da’ y el alumno ‘recibe’, sin devolver. El alumno -en el buen sentido del término-  es ingrato siempre; lo es por definición, por esencia. Lo es por necesidad vital, con una ingratitud no imputable al vicio y de la que el maestro rigurosamente no tiene derecho a quejarse. Pero la dedicación y la abnegación le permiten  darse cuenta de que el discípulo, con solo serlo, devuelve en cierto modo indirectamente lo que recibe. El profesor, al ser amigo y atender a sus alumnos, descubrirá realizados en cada uno de ellos sus propios fines como frutos de su entrega y esfuerzo. Entonces, la manera como el alumno corresponde y compensa los afanes del maestro consiste sencillamente en aceptarlos y aprovecharlos. 
4.- Por su condición de tal, al profesor le compete marcar el inicio, la dinámica y la continuidad de la relación. En primer lugar, porque es a él a quien corresponde generar el clima apropiado en el aula que garantice la fluidez de las relaciones con los alumnos. En este sentido, tiene en sus manos la posibilidad de fomentar un ambiente rico en situaciones de crecimiento o, por defecto, un ambiente lo suficientemente tenso e incómodo que termine frenando la expresión de las particularidades, de las iniciativas y de la participación en los alumnos.
En segundo lugar, porque para promover un clima apropiado dentro del aula conviene recordar con García Morante que “la ejemplaridad constituye un elemento esencial en la profesión del magisterio. En las otras profesiones no hay ejemplaridad, sino pura y simple eficiencia. En cambio, en el docente la eficiencia de la misma profesión viene condicionada por la ejemplaridad, porque la acción del docente sobre el educando no se cumpliría correctamente si el educando -que es sujeto percipiente- descubriera en el docente los mismos defectos o vicios contra los cuales el docente predica”.
En tercer lugar, porque la construcción de un ambiente apropiado y cálido dentro del aula reclama que el docente no enajene su responsabilidad en el control y manejo de la disciplina. Los brotes de indisciplina exigen una rápida respuesta pues atentan contra el desarrollo eficiente de una clase.  Un ambiente cálido y exigente a la vez se construye:

  • Con reglas claras y sanciones efectivamente impuestas. El docente no puede extraer de la ‘manga’ -con arreglo a su estado de ánimo- las reglas y las sanciones. Tiene que existir objetividad y continuidad. Normas pocas y claras, por lo tanto, las sanciones acordadas tienen que ser aplicadas. Por función, por ser testigo de excepción, y a mayor abundamiento porque los alumnos esperan que las reglas se cumplan, al docente le corresponde directamente el control disciplinario del aula. Trasladar por comodidad, por debilidad o por no afectar su ‘popularidad’ a los superiores, la corrección y la sanción, supone una pérdida de prestigio para el propio docente. Para los directivos representa una manera sutil de minar su autoridad, pues, al ejercerla, sin elementos de juicio objetivos, deciden parcializándose, lo que perjudica a una de las partes: al alumno o al profesor. Al mismo tiempo, el traspaso frecuente de la propia responsabilidad disciplinaria termina por desnaturalizar la figura de la autoridad dado que solo se acude a ella en su función remunerativa y se le coloca en la tesitura de tomar medidas radicales para eliminar los brotes de indisciplina.
  • El docente debe velar y cuidar para que dentro del aula los elementos físicos y materiales estén armónicamente dispuestos, ordenados y limpios. De ese modo también se contribuye a la generación de un ambiente cálido y propenso al trabajo. 
  • Organizar eficazmente las actividades a realizar con los alumnos comenzando, indudablemente, con una concienzuda preparación del dictado de clase. 

5.- La relación se establece con cada uno y con todos los alumnos en su conjunto. La percepción de lo que haga o deje de hacer el docente difiere -aunque no radicalmente- de alumno a alumno. Cada estudiante tiene sus propios “apercipientes” (Herbart), es decir, puntos de vista personales en torno a las cosas y a los acontecimientos. Por eso es importante cimentar en el aula, sobre la base de unas reglas “un sistema de referencia para poder reconocer y aceptar la realidad de otros mundos para otros sujetos sin necesidad de negar la realidad de su mundo propio. De esta suerte se crea, por encima de la diversidad de los mundos individuales, un sistema general de transferencias o traducciones que permiten cernerse sobre todos esos mundos -sobre el suyo propio también- y le ponen en posesión de uno como integración de todos los mundos individuales” (García Morante).
La expresión “esto no es justo”, aludida comúnmente por los alumnos, encuentra aquí su sustento. Máxime, cuando ante una misma indicación o estímulo el profesor procede de distinta manera con los alumnos. Por eso es importante atender los hechos lo más objetivamente posible para no generar precedentes, que luego el profesor difícilmente podrá revertir.     
6.- Cada alumno aporta a la relación su propio marco de referencia, su manera de ser, su intimidad, sus necesidades, emociones y prejuicios, que influyen en sus comportamientos y respuestas.
7.- Igualmente, el profesor aporta a la relación su propio marco de referencia, su manera de ser, sus necesidades, prejuicios y obligaciones, que influyen significativamente en sus emisiones y también en sus respuestas. Cuando el profesor no controla sus reacciones, cuando se deja llevar por sus emociones, por sus simpatías, por procedimientos en el pasado eficaces sin atender el presente, cuando trasluce su tedio, cuando externaliza su disconformidad con alguna norma del colegio, cuando extrapola machaconamente su experiencia personal como modelo de lo que debería ser o lo que se debería hacer, mediatiza y contamina la relación con sus alumnos. 
8.- La materia que imparte el docente está tan integrada a su persona que corre el riesgo de creer que aquella tiene por sí misma el atractivo suficiente para el alumno, de modo que este responda siempre con atención y con eficiencia en clase. A diferencia de lo que ocurre en la Universidad, donde los alumnos valoran y admiran el dominio de los conocimientos, en el colegio la eficacia de la instrucción pasa necesariamente por la percepción que tenga el alumno de la personalidad del profesor. Por eso el docente debe “evitar empujar la enseñanza hasta los extremos límites a que puede llegar en el conocimiento del tema. Abnegadamente debe refrenar ese ímpetu a rebasar las fronteras asignadas a su grado o materia… En verdad, no es cosa fácil sino esforzada mantener el nivel más homogéneo posible dentro del grupo. Pero es requisito indispensable. Porque el abandono de algunos discípulos equivale a la comisión de una iniquidad por parte del profesor. Las consecuencias son perjudiciales para el niño o el joven” (García Morante). 
9.- La relación profesor-alumno que se establece no es gratuita de entrada. Al comienzo se basa en la apreciación de papeles establecidos que con la continuidad se delimitan, se precisan y consolidan. La función del docente contiene más funciones y es más amplia: instruye, estimula, corrige, forma y orienta. Cuando el docente es íntegro conoce su materia, es cálidamente exigente por ser ejemplar, logra el afecto y la admiración de sus alumnos. Su prestigio mueve al alumno a responder con respeto, atención e interés por su curso.
10.- En la relación con el alumno interviene otro elemento que es fundamental para su sostenimiento: la axiología y principios del colegio, que el docente debe procurar encarnar; de manera que, desde su ámbito, contribuye eficazmente al logro del perfil del alumno, en el cual está comprometido el centro educativo.
http://entreeducadores.wordpress.com/2009/08/01/la-relacion-profesor-alumno-en-el-aula/